Ayer asistimos a la presentación del libro
Perdón, imposible del autor
José Antonio Millán en el
CCEBA. Todo empezó con
este post que publicó en
Buenos Aires de Diseño, la diseñadora gráfica y amiga
Irene Fernández. Abreviando... Irene terminó por prestarme su libro y yo terminé por leerlo.
Me topé con una recorrida muy amena por la historia de los signos de puntuación; un tratado sobre su uso, salpicado de ejemplos y extractos de textos de muy queridos autores como
Borges, Cortázar, Cervantes, Rafael Alberti, Antonio Machado o Bioy Casares.
Millán introduce, casi como un juego y de la mano de una anécdota, el tema de la correcta puntuación. Evita los usos dogmáticos, por el contrario los relativiza en pos de la función poética del texto.
En la charla de ayer me encontré con esa misma persona modesta y cordial, algo más entrada en años que en la foto que lo precedía, que en ningún momento bajó línea sobre los usos "correctos", e incluso minimizó cuestiones como el mal uso de la escritura en los teléfonos celulares. En cambio, contestó todas las preguntas, se permitió ironizar sobre el futuro de los signos de puntuación y sobre el proceso de gestación de su libro:
Cuando me ofrecieron escribir el libro, primero pedí una semana para evaluarlo. En esa semana me día cuenta de dos cosas: primero, que sabía mucho sobre puntuación; y dos, de todo lo que me faltaba investigar. Así que hacer este libro fue un buen ejercicio para investigar y aprender mucho. Por eso yo digo que lo mejor, cuando uno no sabe sobre un tema, es escribir un libro sobre ello...
El site de Millán es muy completo y se actualiza permanentemente. Induce a la participación de los visitantes mediante juegos como
Me como esa coma y mediante la sección
Los lectores puntu(aliz)an, que sirve al intercambio de comentarios entre el autor y sus lectores.
En lo personal, fue una satisfacción doble la de ayer, ya que me encontré de sorpresa, con dos grandes amigos que hace tiempo no veía:
Karina Fontana y Hernán Bartolini.
Me quedo con una frase muy linda extractada del libro, que también surgió en una parte de la charla de ayer. Pertenece a una niñita de cinco años quien, inquirida sobre la naturaleza de los signos de puntuación, contestó:
... son las "letras de la cabeza" que "se piensan pero no se dicen"...